Lo inmenso de lo pequeño
Hay cosas pequeñas que, sin saber muy bien cómo, terminan ocupando un espacio enorme dentro de nosotros.
Una palabra.
Un recuerdo.
Una conversación.
Una mirada.
Una flor que aparece donde no la esperábamos.
Un gesto.
Un instante que quizá para alguien más pasaría desapercibido y que, sin embargo, a nosotros nos cambia el día.
De ahí nace Lo inmenso de lo pequeño, un poemario que todavía está en construcción y que, de alguna manera, lleva tiempo escribiéndose.
No empezó con la intención de escribir un libro.
Empezó con poemas.
Y algunos de esos poemas nacieron precisamente cuando el mundo parecía demasiado grande, demasiado terrible y demasiado difícil de comprender.
Uno de ellos apareció después de que comenzara la guerra de Gaza, en octubre de 2023.
Mientras las noticias hablaban de guerras, de muertos, de destrucción y de cifras que resultaban casi imposibles de abarcar, yo necesitaba mirar hacia otro sitio.
Hacia lo pequeño.
Hacia aquello que todavía podemos tocar, recordar, cuidar o nombrar.
Porque quizá también hay una forma de resistir al ruido del mundo prestando atención a las cosas diminutas.
Este poemario nace de ahí.
De esa mirada.
De intentar encontrar lo inmenso que puede esconderse en lo pequeño.
No sé todavía cuándo estará terminado. Ni siquiera sé exactamente cómo será cuando lo termine.
Pero sí sé que quiero ir dejando aquí algunos de sus poemas, según vayan encontrando su lugar.
Gaza
Tiembla la tierra bajo los gritos,
un niño abraza el polvo,
una madre busca nombres
entre las piedras rotas.
El cielo, que debería ser azul,
se ha vuelto un techo de fuego.
Y el mundo, con los ojos abiertos,
prefiere mirar hacia otro lado,
como si la sangre pudiera secarse sola.
La injusticia tiene un eco sordo,
retumba en cada frontera,
en salas demasiado limpias
donde el silencio se firma.
¿De qué sirve pronunciar la palabra paz
si la dejamos vacía,
mientras la vida se deshace
en calles sin refugio?
Gaza no es un mapa lejano,
es un espejo roto
que nos devuelve la vergüenza:
la de ser testigos inmóviles
ante el dolor de otros cuerpos
que podrían ser los nuestros.