| 

Leer con los ojos de otro lo que escribes

Hay algo que hago desde siempre cuando escribo.

Me pasa con todo. Con un texto largo, con un email que voy a enviar a varias personas, con un WhatsApp… Primero escribo como yo pienso, como yo siento, como me sale. En ese momento no intento ser nadie más. Soy yo contando lo que quiero contar.

Y después viene una parte que me encanta: cuando ya lo tengo escrito, vuelvo a leerlo intentando ponerme en la cabeza de quien va a recibirlo.

Y entonces el texto cambia.

No cambian las palabras, claro. Siguen siendo exactamente las mismas. Lo que cambia es desde dónde las estoy leyendo.

Con mi novela me ha pasado muchísimas veces. La escribí, la corregí y la leí tantas veces que perdí la cuenta. Pero incluso después de terminarla y de regalársela a algunas personas a las que quería especialmente que llegara, seguí haciendo algo bastante curioso.

A veces elijo un pasaje y vuelvo a leerlo pensando en una persona concreta.

Intento imaginar qué estará entendiendo en esa frase. Qué le habrá hecho gracia. Qué habrá pensado de un personaje. Si habrá reconocido algo de mí. Si una escena le habrá dado pena o si habrá interpretado de una manera completamente distinta algo que yo escribí desde otro lugar.

Y ocurre algo que me parece fascinante: una historia que he escrito yo misma consigue provocarme sentimientos diferentes dependiendo de los ojos con los que intento leerla.

La misma escena. Las mismas palabras. La misma historia.

Y, sin embargo, puedo pasar de la risa al llanto o de la ternura a una sensación completamente distinta.

No porque el texto haya cambiado, sino porque ha cambiado el lugar desde el que lo estoy mirando.

Es increíble cómo una frase que desde mi cabeza parece clarísima puede sonar diferente cuando intento recibirla desde otra.

Supongo que nunca podemos meternos de verdad en la mente de otra persona. Nunca sabremos exactamente qué siente alguien al leer nuestras palabras. Pero intentarlo me parece un ejercicio precioso.

Porque escribir es una cosa. Y ser leído es otra.

Entre lo que una quiere decir y lo que otra recibe hay un espacio enorme lleno de experiencias, recuerdos, sensibilidades y formas distintas de mirar el mundo.

Quizá por eso una misma historia nunca es exactamente la misma para tod@s.

Así que hoy os propongo un pequeño experimento: coged algo que hayáis escrito alguna vez para varias personas. No hace falta que sea un relato ni nada especialmente literario. Puede ser un email, un mensaje, una felicitación, una carta…

Leedlo una vez siendo vosotr@s.

Y después volved a leerlo pensando en una de las personas que lo recibió. Después en otra. Y quizá en otra más.

Puede que las palabras no cambien. Pero tengo la sensación de que el texto sí lo hará.

Y ahora tengo curiosidad: ¿os ha pasado alguna vez? ¿Habéis releído algo vuestro intentando hacerlo con los ojos de quien lo estaba leyendo?

Las palabras no cambian. Lo que cambia es desde dónde las estamos leyendo.

Post simili

Lascia un commento

Il tuo indirizzo email non sarà pubblicato. I campi obbligatori sono contrassegnati *