Te cubrí de besos cuando ya no estabas
Hay despedidas que empiezan mucho antes de que alguien se marche.
A veces seguimos compartiendo una casa, una cama, una rutina. Seguimos besándonos, abrazándonos, preguntándonos cómo ha ido el día. Desde fuera, quizá nada parece haber cambiado.
Pero dentro de una relación también puede aparecer una ausencia.
Porque una persona puede seguir estando físicamente a tu lado y, sin embargo, haber empezado a irse por dentro. Su cabeza está en otro lugar. Sus sentimientos han cambiado. Quizá todavía no lo ha dicho, quizá ni siquiera sabe cómo decirlo, pero algo ya no está donde estaba.
Y mientras una persona empieza a marcharse, la otra puede seguir intentando quedarse.
Este poema nace de ese momento extraño y doloroso: cuando todavía estás besando a alguien que, de alguna manera, ya no está contigo.
Forma parte de L'immensità del piccolo, mi poemario.
Te cubrí de besos cuando ya no estabas
Te cubrí de besos cuando ya no estabas.
La noche entera cabía en ese gesto.
Busqué tu nombre
en la respiración lenta de la casa,
en el reloj,
en la forma en que la luz
se quedaba detenida en la pared.
Nada respondió.
Solo el recuerdo,
persistente,
como una herida que no sangra
pero tampoco cierra.
Te cubrí de besos
como quien intenta salvar del frío
un cuerpo que ya es distancia.
Y aun así,
algo quedó latiendo.
No tú, ni yo.
Solo el amor, terco,
ocupando el hueco.