Por qué cosmética natural

En 2015 estaba atravesando un proceso de cambio personal. Me estaba buscando.

Buscando cosas más auténticas, más profundas, más sencillas. Cosas que tuvieran sentido para mí y que se parecieran un poco más a la persona que quería ser.

Y entonces una de mis mejores amigas me propuso un plan.

En su huerto ecológico organizaban un pequeño taller de cosmética natural casera y me invitó a ir con ella.

Allí que me fui.

Porque, además, cualquier plan con ella me parece una buena idea.

No sabía que aquella mañana iba a descubrir algo que terminaría formando parte de mi vida.

Hicimos unas pocas recetas. Tres o cuatro, creo. Lo suficiente para descubrir que era posible hacer en casa muchas de las cosas que hasta entonces comprábamos sin preguntarnos demasiado qué llevaban dentro.

Ingredientes sencillos. Aceites. Plantas. Ceras. Esencias.

Y una manera completamente diferente de entender lo que ponemos sobre nuestra piel.

Nos fascinó.

A las dos.

Y aquello que empezó como un taller se convirtió poco a poco en una afición, después en una forma de crear y, finalmente, en algo que siento muy mío.

Desde entonces no he dejado de hacer cosmética natural casera.

He probado recetas, las he cambiado, he investigado, he cometido errores, he vuelto a probar y he ido creando mis propias fórmulas.

Pero hay algo que me gusta todavía más que hacerla: regalarla.

Me encanta preparar un bálsamo, una crema, un jabón o cualquier pequeño producto y pensar en la persona que lo va a recibir.

Me gusta compartir las recetas, explicar cómo hacerlas y descubrir que alguien que nunca se había planteado preparar su propia cosmética se anima a intentarlo.

Y, de alguna manera, aquella primera mañana también se convirtió en otro lazo con mi amiga.

Uno de esos regalos inesperados que aparecen en la vida sin que sepamos, en el momento en que llegan, todo lo que van a significar después.

Hoy la cosmética natural casera forma parte de mí.

Me identifica, me divierte, me permite aprender continuamente y, sobre todo, me permite crear para compartir.

Y quizá por eso tiene un lugar aquí, en La Guitarra de Babel.

Porque este espacio también habla de eso: de descubrir cosas que nos gustan, de aprender haciendo, de recuperar lo sencillo y de permitirnos probar caminos que quizá nunca habíamos pensado que fueran para nosotr@s.

Y porque algunas de las cosas que terminan siendo más nuestras empiezan, simplemente, con un «¿te apetece venir conmigo?

Publicaciones Similares

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *