Hay personas que, en mitad del caos, se convierten en refugio

Dedicado a Carmela y Noelia, dos mujeres que, cuando todo se detuvo, decidieron no mirar hacia otro lado.

Hay noticias que nos encogen el corazón. Tragedias que dejan familias rotas, personas heridas y preguntas que tardarán mucho tiempo en encontrar respuesta.

El accidente ferroviario ocurrido esta semana en Toledo es una de ellas. Ninguna historia de solidaridad debe hacernos olvidar el dolor que hay detrás de una tragedia.

Pero hay algo que también sucede en medio de las situaciones más terribles: y es que, a veces, aparece lo mejor de las personas.

Mi tía Carmela y su compañera Noelia viajaban en uno de los trenes accidentados. Ellas también sufrieron las consecuencias del accidente y resultaron golpeadas.

Podrían haberse marchado en cuanto tuvieron oportunidad. Podrían haber pensado, con toda la razón, que bastante tenían ya con lo que acababan de vivir. Pero decidieron quedarse. Y se quedaron durante horas.

Entre las dos ayudaron a desalojar el vagón, acompañaron a l@s pasajer@s para que pudieran salir y bajar el terraplén, curaron heridas, prestaron apoyo a quienes estaban asustad@s e hicieron llamadas a familiares de otr@s pasajer@s para tranquilizarl@s y hacerles saber que sus seres queridos estaban bien.

Cuando llegaron los servicios sanitarios, recibieron mascarillas y guantes para continuar colaborando. Y siguieron haciéndolo.

No sé cuántas personas pudieron necesitar sus manos, sus palabras o simplemente su compañía durante aquellas horas. Tampoco sé cuántos miedos consiguieron aliviar o cuánta tranquilidad pudieron devolver a quienes estaban viviendo uno de los momentos más angustiosos de sus vidas.

Lo que sí sé es que, pudiendo haberse marchado, eligieron quedarse.

Quizá la palabra heroínas suene demasiado grande para algunas personas. Pero yo no encuentro otra que exprese mejor lo que siento al pensar en Carmela y Noelia. No porque no tuvieran miedo, ni porque no estuvieran magulladas o doloridas. Precisamente porque eran dos personas que acababan de vivir una situación traumática y, aun así, encontraron fuerzas para cuidar de las demás.

Eso es lo verdaderamente extraordinario.

En las tragedias no deberíamos buscar historias que compensen el dolor, porque hay dolores que no se compensan. Pero sí podemos detenernos a reconocer los gestos que nos reconcilian un poquito con la Humanidad.

Los de quienes ayudan sin preguntar a quién. Los de quienes llaman a una familia para decirle que puede respirar tranquila. Los de quienes se quedan cuando podrían marcharse.

Porque no podemos evitar todas las tragedias, pero sí podemos decidir cómo comportarnos cuando suceden.

Y en medio de tanto dolor, ellas eligieron la solidaridad, la empatía y el compromiso.

Carmela, Noelia: gracias por vuestra valentía, por vuestra generosidad y por recordarnos que, incluso en los momentos más oscuros, siempre hay alguien dispuesta a encender una pequeña luz.

Y sí, para mí sois dos heroínas.

Porque hay personas que, cuando todo se viene abajo, no esperan a que alguien las salve. Se ponen a salvar a l@s demás.

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