Pasear mirando hacia arriba

A veces no necesitamos ir más lejos. Solo necesitamos mirar de otra manera.

Llevo muchísimos años trabajando en el centro de la ciudad. He recorrido sus calles cientos, quizá miles de veces. Conozco sus esquinas, sus edificios, sus aceras… o eso creía.

Porque, después de tantos años, todavía sigo encontrando cosas que me sorprenden.

Cuando caminamos por un lugar que vemos todos los días, nuestros ojos terminan reconociendo lo necesario para llegar a nuestro destino. La calle se convierte en un recorrido conocido, casi automático. Vemos lo que necesitamos ver, pero dejamos de descubrir lo que está ahí.

Hasta que un día decidimos cambiar la mirada.

El otro día salí a la calle con una pequeña misión: caminar mirando hacia arriba.

Y qué maravilla.

De repente, los edificios dejaron de ser simplemente edificios. Aparecieron fachadas llenas de detalles, balcones que nunca había observado, esculturas preciosas, figuras escondidas, adornos, ventanas y pequeñas historias que llevaban allí quién sabe cuánto tiempo.

Todo estaba en el mismo sitio de siempre.

La que había cambiado era yo.

Me di cuenta de que, muchas veces, no es que un lugar sea aburrido. Es que hemos dejado de mirarlo con curiosidad. Lo hemos convertido en algo conocido y, sin darnos cuenta, hemos dejado de prestarle atención.

Por eso, hoy te propongo un pequeño reto, el pequeño paso de hoy.

La próxima vez que salgas a pasear, elige una parte de lo que te rodea y dedícale toda tu atención.

Puede ser:

  • Mirar hacia arriba y descubrir las fachadas y los tejados.
  • Fijarte en las puertas y sus detalles.
  • Observar los balcones y las ventanas.
  • Buscar árboles, plantas o flores que normalmente pasan desapercibidos.
  • Escuchar los sonidos de una calle que recorres habitualmente.
  • Mirar los escaparates como si fuera la primera vez que pasas por allí.

No hace falta caminar más lejos. Ni tener mucho tiempo. Ni hacer nada extraordinario.

Solo acotar la mirada y dejar espacio para la curiosidad.

Porque quizá ese lugar por el que pasas todos los días todavía guarda algo bonito para ti.

Y quizá la sorpresa no estaba esperando en otro sitio.

Quizá estaba justo encima de tu cabeza.

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